El escritor albaceteño José S. Serna (1907-1983) mantuvo una larga amistad con Azorín (Monóvar, 1873-1967). Buena parte de ella se desarrolló por correo. En una de las cartas, Azorín terminaba expresándole a su amigo el cariño por nuestra ciudad con esta lacónica expresión: “Albacete, siempre”. Para muchos, se ha convertido en el lema de la ciudad.
Qué ver en Albacete
Albacete es una ciudad de 155.000 habitantes, que vive una expansión frenética. Sin embargo, sus edificios más emblemáticos se encuentran en una zona que aún puede visitarse a pie, si uno está acostumbrado a caminar.
Apenas a cien metros de Álvarez Restaurante está la plaza del Altozano, el centro histórico de la ciudad, donde podemos visitar el Museo Municipal (1879) y el antiguo refugio antiaéreo de la Guerra Civil, ahora habilitado como Museo de la Paz. Tomando esta plaza como referencia, podemos seguir nuestro paseo por tres rutas distintas:
Ruta 1) Nos adentramos por el Paseo de la Libertad, un bulevar arbolado que se llena de terrazas cuando el tiempo acompaña. Al llegar a la esquina de la calle Isaac Peral, veremos el Palacio de la Diputación (1880), cuyas rejas cercanas a la puerta principal guardan aún las huellas de la metralla de una bomba que estalló durante la Guerra Civil y acabó con la vida de un grupo de milicianos. En la calle Isaac Peral está el Teatro Circo, que fue sobre todo sala de cine durante buena parte del siglo pasado, y que ha sido remozado en toda su estructura muy recientemente. Al final del Paseo están el Parque Lineal y el parking de El Sembrador, y siguiendo en línea recta la avenida, llegaremos a las estaciones de ferrocarril y autobuses.
Ruta 2) Si desde el Altozano decidimos tomar la calle Marqués de Molins, dejando a la izquierda el Gran Hotel, nos adentramos en lo que fue la zona de la burguesía de la ciudad en una época boyante, la primera década del siglo XX. Los albaceteños la llaman calle Ancha, y aún conserva algunos de los edificios construidos entonces, caracterizados por una arquitectura mixta, castellana y mediterránea.
Pasamos las esquinas con la calles peatonales Concepción y Mayor y, en el siguiente cruce, en la calle del Tinte, podemos desviarnos momentáneamente a la derecha para visitar el Pasaje Lodares (1925) y la Posada del Rosario (siglo XVI).
Para bajar hasta el Parque de Abelardo Sánchez (1910), que para los albaceteños es simplemente El Parque, hay que retomar de nuevo la calle Ancha. Ya enfrente, en la Avenida de España, llama la atención el Instituto Bachiller Sabuco (1931), inaugurado durante la República y todavía en plena actividad como centro de Enseñanza. En el corazón de El Parque, integrado en su arboleda, podemos visitar el Museo Arqueológico provincial (1978), con abundante material ibérico y romano procedente de los numerosos yacimientos albaceteños.
Ruta 3) Hemos de partir de nuevo del Altozano y avanzar esta vez, siguiendo la acera del Museo Municipal, hacia la calle de la Feria. La Catedral de san Juan Bautista (original de los siglos XIII-XIV, aunque con numerosas aportaciones posteriores) aparece enseguida, tras una curva que traza la calle hacia la izquierda. Enfrente, delante de un parque, llaman la atención los ladrillos verdes de La Casa de Hortelano (1912), que alberga el Museo de la Cuchillería. También vemos aquí el Ayuntamiento actual (1986), que tiene pinta de castillo con reloj.
Si seguimos por la calle de la Feria, podemos desviarnos a la derecha un momento para enlazar con el callejón de las Monjas, paralelo a la misma, y visitar el antiguo convento de La Encarnación (siglos XV y XVI) convertido en Centro Cultural de la Asunción.
Otra vez en la calle de la Feria dejamos a la izquierda la barroca Casa de Perona (siglo XVIII), para seguir hasta el Paseo de la Feria, que avanza junto al Parque de los Jardinillos (siglo XIX) dejando a la derecha la plaza de toros (1917).
El paseo desemboca en el Recinto Ferial (1783), cuyo plano tiene forma de sartén. Es un edificio emblemático que prácticamente sólo se utiliza durante los diez días de Feria, entre el 7 y el 17 de septiembre, cuando la zona se convierte noche y día en un bullicioso hervidero de gente. Para rastrear su origen hay que remontarse a la popularidad adquirida por la ermita de la virgen de los Llanos documentada en el siglo XVII. Marca también el punto de partida del tramo nº 5 de la Ruta de Don Quijote.
De compras en Albacete
Albacete está considerada como la Ciudad de la Cuchillería, y aunque esta industria ha cambiado mucho en las últimas décadas, todavía es posible encontrar navajas y cuchillos tradicionales en diversos comercios especializados del centro. Para los amantes de la artesanía, existen ejemplares de bella factura y de sorprendente singularidad. Pero si compra para regalar, no olvide que, según la tradición, al regalar una navaja se cortan las amistades. Conviene más “venderla” al agasajado por un precio simbólico, que antes era una peseta y ahora pueden ser diez céntimos.
Además, Albacete cuenta con productos alimenticios de denominación La Mancha, de una calidad exquisita. Por ejemplo vino, queso, cordero y embutidos, que también pueden encontrarse en los comercios del centro.
Pocas ciudades tienen la densidad de centros y de calles comerciales por habitante que tiene Albacete, con todas las franquicias a su alcance, cualquiera que sea el producto que busque.
De copas en Albacete
La zona de la movida está muy cerca de Álvarez Restaurante , entre las calles Concepción, Mayor y Tejares. Allí se encuentran concentrados buen número de pubs y de discotecas. Últimamente también existe otro núcleo en el barrio Parque Sur, e incluso un tercero entre la Feria y la avenida de Isabel La Católica. En verano es diferente. Prácticamente por toda la ciudad es posible encontrar terrazas donde tomar un refresco y conversar al aire libre. |